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viernes, 28 de enero de 2011

La Bella y el Guapo 2

Pues si, vuelvo a hablar de la misma película, y es que yo soy así, que lo exprimo todo, y es que todavía tengo dudas que resolver y que se han quedado en mi cabeza rondando de un lado para otro.

Una de esas incógnitas que para mí quedan sin resolver son las que están relacionadas con los sirvientes del castillo, que se convirtieron los pobres en objetos parlantes sin tener ellos culpa de nada. Uno de esas preguntas sin resolver es ¿Por qué si la señora Potts y su hijo Chip son piezas de una vajilla no se rompen cuando saltan de la alacena? Es cierto que en ese castillo todo está encantado, pero si eres parte de una vajilla lo eres con todas sus consecuencias. Los ves toda la película dando botes de una lado para otro cantando ¡Qué festín! ¡Qué festín! y no están ni un poco cascarillaos aunque a simple vista esa vajilla tenga pinta de ir en las mudanzas en cajas de las que ponen muy frágil.

Otra pregunta es ¿Cuántos sirvientes tenía el castillo? Y es que allí se movía todo, hasta los tenedores y las cucharillas, que digo yo que a qué se tenían que dedicar antes del conjuro para haberse convertido en un tenedor. Otra cosa rara de co**nes  es que el perchero que arregló y adecentó a la Bestia antes del gran baile no tenía ni ojos ni boca ni ná de ná. ¿Cómo va a saber si le ha hecho un buen corte de pelo si no tiene ojos para verlo? Será que yo no entiendo estas cosas de conjuros y que le quito to la gracia a las películas con mis preguntas existenciales, pero qué le voy a hacer, como decía Alaska en su famosa canción,  yo soy así y así seguiré, nunca cambiaré.

Y por último, una cosa que si que es rara de verdad, es que después de ver tantas veces la película  me he dado cuenta de otra cosa, ¿cómo se llama la Bestia? Todo el mundo le dice El amo, La Bestia, pero ese hombre tendría un nombre de pila ¿no? No sé, Alfredo, Rodolfo, José Luis… ni la Bella, que “tanto lo quería” le decía por su nombre, ¿qué clase de amiga es esa? Todo el mundo conoce a uno que le dicen El Chino, El cabeza, El Pollo…, y aparte, está el caso de esta muchacha que vive en un castillo con uno al que no se ha molestado ni preguntarle el nombre.

La cosa está en que esta película tiene más misterio que la casa de las caras de Bélmez.  Demasiadas incógnitas que ni el propio Iker Jiménez puede resolver. 












sábado, 15 de enero de 2011

La Bella y ...el guapo

El domingo antes de volver a la rutina después de las navidades, echaban en la tele la película de la Bella y la Bestia a las cuatro de la tarde. A mi no es que me entusiasme mucho la verdad, pero como mi compañera de piso quería verla, salimos del pueblo a las tres para poder llegar a nuestro pequeño y acogedor pisito de estudiantes en  Sevilla. Nuestra sorpresa fue cuando al entrar por la puerta nos dimos cuenta de que los plomillos habían saltado desde no sabemos qué día. Al darme cuenta dije “uy no hay luz” sin saber que eso traía otras consecuencias.

Justo después me vino un fuerte olor, y no era que mi compañera de piso se hubiera pasado con el Chanel  nº 5 que le habían regalado por reyes, sino que olía a comida revenía. Entonces caí en la cuenta: mis taperwares con la comida de mi madre se habían descongelado y se habían puesto malos, de la misma forma que se habían echado a perder la poca comida que dejamos en el frigorífico.

Así que la Bella y la Bestia sonaba de fondo mientras nosotras limpiábamos el frigorífico y el tanque de congelado. La bolsa de basura nueva se llenó pronto con toda la comida que tuvimos que tirar y sacamos la basura más pronto que ningún día porque no se aguantaba el pestazo.

Sin embargo, terminamos de limpiar todo justo para ver la parte más emocionante de la película, el final. Las dos nos sentamos para ver cómo la Bella le confiesa su amor a la Bestia cuando éste se está muriendo. Entonces fue cuando me llamó la atención algo que antes no lo había hecho, y eso que he visto la peli muchas veces, y es que, a pesar de que Bella le dice que lo quiere, la tía no le besa hasta que la Bestia se convierte en un apuesto mozalbete que más que un príncipe (porque que yo sepa, por lo menos aquí en Europa no he visto yo ningún príncipe guapo) parece un modelo de estos que parecen en las marquesinas de las paradas del autobús.

Yo, como con todo, tengo mi teoría, la Bella no lo quería, le había cogido cariño como cuando alguien le coge cariño a un perro, pero nada más. Ella lloraba porque se le había muerto el perro al que le había cogido cariño. Lo que pasa que este perro traía sorpresa, se convierte en un buenorro y claro, la tía se pone tontaca.  Lo que más me choca es que encima la muy gorriona te quiere hacer ver que la belleza está en el interior. ¡Qué falsa! Si de verdad pensaba eso ¿por qué no le besó antes? ¿Quizás tenía miedo de besarle y expulsar después una bola de pelo como el gato de Shrek?

Lo que le pasaba a la Bella es que era una trepa. Se encontró con un príncipe guapo, bien posisionao, y la carne que es débil… hizo el resto. Así que desde ese día, cada vez que vea una película de Disney, ya no será lo mismo.