martes, 8 de diciembre de 2015

Un mundo llamado Belén

Navidad, Navidad, dulce Navidad. Cada vez llega antes. Yo llevo por lo menos un mes viendo anuncios que incitan al consumo navideño. Que si bombones por aquí, que si perfumes por allá… Como sigamos adelantando las fiestas así, al niño Jesús en vez de en un pesebre lo vamos a tener que poner en una incubadora. Ese niño qué no sé por qué razón la iconografía cristiana siempre lo ha puesto rubio y con los ojos azules, y hasta donde yo sé, ese niño noruego no era.

Ahora llega el momento de la temida pregunta en muchos hogares españoles: ¿Este año qué? ¿Ponemos el portal o no? Hay familias en las que la como la mía, la respuesta a esa pregunta varía según el año y de las ganas que se tengan y hay otras en las que es sí o sí. A mí este año, el espíritu navideño no ha llegado a mi puerta, pero he de reconocer que todos los años he disfrutado montando el Belén y viendo otros.

Es verdad que soy muy perfeccionista en todo lo que hago y cuando hago el portal de Belén no iba a ser menos. Me gusta fijarme en los detalles, por eso cuando veo algunos belenes, hay cosas que no me encajan y no sólo los rasgos nórdicos que le ponen al recién nacido mesías.

La primera pregunta que me hago cuando veo un belén es ¿Por qué c**o hay nieve? ¿Desde cuándo nieva en Belén? A ver, no es que quiera ser repelente pero Belén está situada a la misma latitud que el norte de África y su altitud media es de unos 765 metros. Tiene un clima mediterráneo seco, por lo tanto no nieva. Sin embargo, qué nos gusta un portal de Belén con nieve hasta arriba ya sea con harina, algodón o con bolitas de poliespan. Algunos sinceramente, en vez de Belén parecen Baqueira Beret. Y es que no concuerda ver todo nevado y los pastores en manga corta o una simple túnica. Que yo sepa, la única que ha sobrevivido en un lugar frío con un vestidito de manga corta es Heidi.

Otra cosa en la que me fijo, es en los animalitos del portal. Hay patos, perros, ovejas… pero… ¿cerdos? Los judíos no comen cerdo ¿para qué iban a criar cerdos? Y si era raro que hubiera cerdos, más aún que hubiera embutidos como he visto muchas veces una ristra de chorizo en algunas de las casas que se ponen en el portal. Y hablando de alimentos en los belenes, es muy típico recrear huertos o puestos callejeros en los que a veces veo… ¿tomates?, ¿patatas? Pero a ver… ¿esos productos no fueron unas de las maravillas que junto con el chocolate vinieron de América? A ver, no mezclemos acontecimientos históricos, primero el nacimiento de Jesús y 1492 años después, el descubrimiento del Nuevo Mundo.

Para colmo, antes de retirarse, Benedicto XVI nos dejó una perlita diciendo que la mula y el buey no existieron y que los reyes magos provenían de Andalucía ni más ni menos. Yo sé que Ratzinger es viejo, pero como para que estuviera en el portal y saber si hubo o no mula y buey, creo que no. En cuanto los reyes magos en fin, les tendré que cambiar el turbante por un sombrero cordobés.

Por último, decir que siempre me ha sorprendido la capacidad de recuperación de la Virgen María, es decir, después de un parto, sin epidural ni nada, ni nadie que le diga cuánto dilataba ni nada de nada, me impresiona que esté ahí de pie o sentada como si tal cosa cuando acaba de dar a luz.

En fin, sí, soy una tiquismiquis, lo sé, pero ¿quién soy yo para decir nada si montar el portal de Belén sirve para reunir a varias generaciones de la familia y disfrutar de un momento juntos? Cada familia es un mundo y por lo que he podido investigar después de años de años de estudios empíricos, cada belén también.









lunes, 6 de abril de 2015

TUTORIALES TRAICIONEROS

Cinco peinados fáciles para la vuelta a clase, peinados sencillos con trenzas o peinados fáciles para el día a día. Estos son los nombres de algunos de los vídeos que abundan en la red y que se empeñan en demostrar que el peinado que lleva Lady Gaga es facilísimo y que lo puedes hacer tú misma.

El caso es que yo soy de naturaleza torpe, de hecho, están los torpes, los muy torpes, y luego estoy yo. Es por eso, que un día cualquiera de mi aburrida existencia, decidí buscar en YouTube algunos tutoriales que me ayudaran a expandir mis conocimientos capilares más allá de lo que ya sé, que básicamente son el pelo suelto y la coleta. Entonces, una larga lista de vídeos se abrió ante mis ojos. Decidí ver uno que me prometía enseñarme 3 peinados fáciles con trenzas. Mi imaginación empezó a funcionar más rápido que internet y ya me veía andando por la calle a cámara lenta, con un pelo brillante y sedoso y un peinado divino que levantaría la envidia de más de una.

Sin embrago, esa imagen en la que me veía por la calle golpeando mi esplendorosa melena hacia un lado y hacia otro se desvaneció en cuanto la chica del vídeo empezó a hacerse el primer peinado. Empecé a ponerme nerviosa y cual estudiante que no se sabe la primera pregunta del examen, pasé al siguiente peinado. El siguiente peinado pintaba igual que el primero y el siguiente… tres cuartos de lo mismo. A ver, me prometieron que eran fáciles y para hacerme eso tendría que tener otros dos ojos en la nuca. Esa mujer parecía spiderman lo juro, qué juego de muñecas, qué visión de la parte trasera de su cabeza… ¡QUÉ ENVIDIA JODER!

No obstante, en mi empeño por llegar a ser una mujer que sabe cuidar su imagen, pocos días después, decidí mirar tutoriales que me enseñaran nociones básicas de maquillaje. Elegí un vídeo que mostraba un maquillaje sencillo, con sombras color tierra. La chica con una sonrisa en la cara empezó a hablar de un look sencillo apropiado para las tardes, porque sí, al igual que las comidas, hay maquillajes para la mañana, la tarde y la noche. Pero de repente, la chica empieza a sacar los productos necesarios como una prebase de ojos, prebase de maquillaje, brochas de corte biselado… En ese momento debería haberle hecho una foto a mi cara con la webcam, porque debía ser un poema. Como diría Mauricio Colmenero, me quedé en plan ¿Esto quéeee eeeees? Sinceramente, creo que Miguel Ángel utilizó menos pintura para pintar la Capilla Sixtina.

En esta vida, hay que tomarse las cosas con filosofía y hay que admitir que a algunas personas se les da bien una cosas y a otras, pues se le da mejor otras. Yo mientras tanto, cuando me levante por las mañanas, me mire al espejo y vea la imagen de Mufasa, rugiré y me volveré a hacer la misma pregunta: ¿Suelto o coleta?





martes, 11 de junio de 2013

" Y TU MAMÁ TAMBIÉN"

Después de la entrada anterior, puede verse como los propósitos de Año Nuevo son eso, propósitos, porque me propuse escribir más en el blog, y sólo hay que mirar las fechas de una entrada y la siguiente, es decir, que no cumplo, aunque todavía quedan otros seis meses…y de recordármelo se encargará mi madre.

Y es que las madres son madres, y también profesoras, pues tienen la puñetera manía de corregirte todo, absolutamente todo. Por ejemplo, mientras tú le estás contando un problema desde la seriedad, y buscado ese consejo de madre que tanto te hace falta, ella es capaz de corregirte la postura diciendo que te pongas recta porque estás “jorobá”, decirte que te dejes de tocar los granitos, que te peines, que te pongas bien la camiseta, y después de todo eso, darte una respuesta al problema.

Otra manía de las madres, es la de comprarte la ropa una talla más grande para cuando crezcas, poniendo la excusa de que así ahorran un poco porque los niños crecen muy rápido y “esto dentro de un par de meses ya no les sirve”. Mi madre también utilizaba esta técnica pensando que la ropa me quedaría pequeña dentro de nada. Pobre… la ropa se me quedaba vieja, no pequeña. Qué se le va a hacer, los petit Suisse no hicieron efecto… ¡Maldita publicidad engañosa!

A mí, personalmente, me hace gracia cuando las madres cambian el género de las cosas cuando no les gusta lo que están escuchando, que por lo general suele ser una petición del hijo/a adorado.

H: Mamá, cómprame una piruleta…
M: Ni piruleta ni piruleto.

Ahora, si hay algo que me da coraje es cuando te has hecho una herida y llega tu madre y te dice “¿Te duele? Eso es que se está curando… TO CA TE LAS PE LO TAS. Vamos, que me imagino yo a Jesucristo con los clavos y la corona de espinas en la cruz, después de no sé cuántos latigazos previos, y la virgen: “¡Fenomenal! En tres días estarás como nuevo”.

Pero bueno, son pequeñas manías de madres, después, cuando se conviertan en abuela se limitarán a querer cebarte. Porque sólo ellas encuentran en un primer vistazo algo que tú llevas horas buscando, porque sólo ellas descansan cuando por la tarde cogen el sofá y te dejan claro que “es la primera vez que me siento en ‘tó’ el día” y porque básicamente, nos han dado la vida, un aplauso para todas ellas.






miércoles, 30 de enero de 2013

Un año más


Acaba enero, un mes muy bueno para comprobar nuestra disposición a la hora de cumplir con los propósitos que, en un momento de energía y subidón, nos hicimos con la llegada del nuevo año. Hay gente que todavía no habrá empezado diciéndose a ellos mismos la cantinela de “mañana empiezo”, hay otros que ya han empezado para dejarlo más tarde y muy pocos los cumplirán durante el plazo previsto.

Yo, personalmente, paso de los propósitos. Unos años atrás, con cada año nuevo que llegaba me ponía a escribir mis propósitos, ahí, en bonito, con un papel en el que se podían leer rodeados de miles de dibujitos y colorines. Mi lista de propósitos, como si una cabalgata del orgullo gay se tratase, se podía ver de lejos.
Sin embargo, desde hace dos años, paso de propósitos y de listas, ¿para qué hacer nada si luego no cumplo ni la mitad? Así que después de dos años chungos y con algo más de sabiduría a mis espaldas, he decidido pasar de todo esto. Me estoy volviendo to’ malota, sí señor.

No obstante, aunque no haya ningún papel de por medio, este año he decidido hacer deporte, practicar eso de mens sana in corpore sano. Así que los martes y jueves salgo a correr, además de hacer un total de 48 sentadillas todos los días. Como siga así se me va a poner el culo como a la Venus de Milo, vamos, duro como una piedra, con el atractivo añadido de que yo tengo brazos y ella no.

También quería empezar a pintar un cuadro al óleo y ya lo he empezado, sólo falta retocar, ahora, que no sé cuando terminaré de dar esos retoques, pero oye, ya está casi, y eso que no ha terminado enero, todavía me quedan 11 meses por delante para hacerlo.Otra cosa que quiero hacer es aprender inglés, pero vamos un propósito tipical spanish, y escribir con más regularidad en el blog, pero es que me entra una perritis…pero bueno, hay tiempo.

Yo de momento, mañana no voy a poder salir a correr, el invierno ha hecho estragos en mi pequeño cuerpo. Tengo las manos moradas y llenas de sabañones, y me tiro todo el día como Bochan, con el moco colgando. Vamos, que un personaje de las películas de Tim Burton tienen mejor color de cara que yo.

¡Ay, los propósitos!!! Todos fruto del momento de euforia, pero no hay Nochevieja que no nos acompañen en nuestra cabecita. Sólo nos queda esperar y ver cómo se porta el nuevo año con nosotros.




miércoles, 7 de noviembre de 2012

Esos extraños seres llamados abuelas...


Hoy día, vamos a todos lados corriendo de aquí para allá. El ritmo de vida nos obliga a cambiar algunos hábitos, como por ejemplo,  la comida. Ahora no nos paramos tanto y comemos rápido y mal sobre todo si eres estudiante, algo que no debería ser así, por nuestra salud, y sobre todo, por la de nuestras abuelas.

Una abuela sufre, de una manera extraña, nuestro dolor y cansancio en sus carnes propias. Yo creo que, en el momento en el que sus hijos deciden perpetuar la especie y les convierten en abuelas, por arte de magia, ellas comienzan a sufrir lo que yo llamo “desnutrición crónica inversa”, es decir, que siempre ven con hambre a los demás, sobre todo a sus nietos.

Cada vez que uno de ellos va a casa de la abuela a comer, el objetivo de ésta no es otro que el de cebar a sus descendientes con todo tipo de manjares. Sin embargo, a pesar de los entremeses (pa’ picar), de haber ensuciado cinco ollas con cinco comidas diferentes y de haber insistido para que prueben  de todo, ellas no pueden evitar hacer las preguntas de ¿te has quedado con hambre?, ¿te frío un huevo?

Y es que una abuela puede perdonar, que seas drogadict@, que robes, que mates…, pero que te saltes una comida, eso nunca te lo perdonará.

Pero las abuelas no son solo meras cocineras. Otra característica es su comprensión y uso de las tecnologías. Ellas, y sólo ellas, pueden tener el volumen del tono de llamada del móvil al máximo y no enterarse de que les están llamando. Son ellas las que,  a pesar de llevar con el mismo teléfono cinco años, no se han enterado todavía cómo funciona y siempre recurren a sus nietos diciendo: ¡niñ@, ponme bien el móvil que no sé a dónde le he dao y se me ha cambiado la pantalla!

Por último, otra cosa que diferencia a las abuelas del resto de mortales es el vocabulario, esa forma de hablar propia que ellas tienen. Porque, sólo cuando una mujer es ascendida al estatus de abuela puede pronunciar palabras como:
-          Almóndigas.
-          - Cocretas.
-          - Asandía.
-          - Amoto.
-          - Afoto.
-          - Alifante (elefante).

O expresiones tales como:
-        -  ¡Niñ@, quita los dibujitos de la tele que va a empezar el parte!
-        -   ¡Pues, si es así, yo ahí  me la corto!
-         -  ¡En Telecinco sólo hay maricones y “libianas”!
-        -   ¿Te traigo algo que voy pal’ “figorífico”?
-        -   Si vivieras en los tiempos del hambre…

Las abuelas son seres de otra galaxia, cada día lo tengo más claro, porque sólo ellas dicen los nombres de todos tus primos antes que el tuyo cuando te están llamando, sólo ellas se levantan a las siete de la mañana aunque no tengan nada que hacer, sólo ellas pueden escuchar Radio María durante horas y sólo a ellas les queda la bata de casa como a nadie.
¡Vivan las abuelas!






lunes, 29 de octubre de 2012

Sudar la gota gorda mientras la virgen se está peinando


No me lo puedo creer, no, no y no. No me puedo creer que hoy, a 29 de octubre, al pasar por un Corte Inglés, estén puestas ya las luces de Navidad, y cada vez la ponen antes. No sé, lo mismo el año que viene mientras me tomo un tinto de verano en una terraza, en vez de “ai se eu  te pego”  o “rayos de sol” me ponen “pero mira como beben…”

La Navidad se supone que es para celebrar el nacimiento de Cristo, el 25 de Diciembre, y es que a este paso el niño Jesús va a ser sietemesino.  Todo esto me da mucho coraje, no lo puedo remediar.
Esta época es de las más bonitas, pero tengo que reconocer que desde el momento en el que tienes que dejar la infancia atrás, la Navidad no se vive con la misma intensidad de antes. Cuando somos pequeños, aunque nos decían que era un momento de paz y amor, nos tirábamos todas las vacaciones pensando en los reyes magos y en esos regalillos que teníamos apalabrados con sus majestades de Oriente. Y quien diga que no, miente, pero descaradamente, vamos.

Además, ahora las navidades son más sosas, no tienen ni punto de comparación con las de esos años en los que yo me peinaba con coletas y merendaba galletas con forma de dinosaurios. ¿Qué ha sido de Cortilandia? Por favor, ¡si es que cuando yo era chica íbamos ocho en un coche desde mi pueblo sólo para ver Cortilandia y el portal de Belén del Corte Inglés!

¿Y los anuncios?, esos que te decían que la Navidad ya estaba aquí, como el de los Ferrero Rocher, pero los de la Preysler, los buenos, un anuncio que tras el paso de los años sigue manteniendo su encanto y la incógnita del bombón de arriba. Ese bombón en lo más alto de la pirámide de bombones, ese que todo el mundo cogía pero que misteriosamente siempre permanecía arriba. Científicos de todo el mundo han venido para dar una respuesta a este enigma histórico y no han logrado dicho objetivo.

¿Y ese Edu? Dónde está ese niño, que ya desde tiempos inmemoriales tenía tarifa plana porque si no, no me explico cómo podía coger las páginas amarillas y llamar a to’ dios para felicitarles la Navidad. En su tiempo el chiquillo se hizo hasta famoso, hasta secuela y todo hubo del anuncio. A saber dónde está ese niño, bueno niño no, que ya será un hombre hecho y derecho y lo mismo tiene ya hasta los niños haciendo la comunión.

En fin, que las navidades no son lo que eran y que cada vez llegan antes. Lo mismo el año que viene, en el anuncio de El Almendro, el hijo que vuelve a casa por Navidad, en vez de con un abrigo largo, vuelve en calzonas, con chanclas y de un moreno que echa pa’ atrás.




martes, 23 de octubre de 2012

La vuelta al cole


Después de haberme tirado cinco años estudiando la carrera de periodismo (donde he pasado los mejores años) y ante la búsqueda infructuosa de un trabajo, echando currículos incluso en fábricas, he decidido volver al instituto, ahí, con dos cojones, porque yo lo valgo. Lo normal, es que la gente vaya para delante, no para atrás. Pero gracias a las elevados precios de los másters, que desde aquí digo que son un puñetero negocio, yo cual cangreja vuelvo al “insti”, concretamente a un módulo superior de producción audiovisual.
El primer día, al igual que antaño, estaba nerviosa, pero vamos, unos nervios tranquilos. Y claro, todo me recordaba a mi anterior instituto. No obstante, veía las cosas desde otra perspectiva, y es que aunque sigo midiendo y pesando lo mismo que en tercero de ESO, ahora he cambiado, soy más madura, en serio.
Echando un vistazo a simple vista, pude comprobar que soy una de las más viejas de mi clase, pero mis nuevos compañeros no lo pudieron detectar gracias a esta carita que dios me ha dado, que junto a la frase “tengo 24 años” provoca reacciones del tipo:

-          “¡Uy, pero si pareces una niña!”.
-          “No, ¿en serio?”.
-          “¡Pero si yo me creía que tenías 18!”

Llega un momento en el que sólo queda resignarse y aceptarlo, esperando que en un futuro todo siga igual, es decir que me sigan echando 18 aunque tenga 45. Eso sería lo bueno.
Así que ahora, vuelvo a tener recreo, un maravilloso recreo de media hora en el que no sabes que cojones hacer. Te pones a charlar con los compañeros, te bebes un zumito, te entra hambre pero no quieres gastar dinero en chuches ni dulces que la cosa está muy mala, haces fotocopias… uff, se me había olvidado lo que era tener recreo.
Sin embargo, aunque estoy muy bien en esta nueva aventura, echo de menos a los compis de la facultad, se me hace raro no escuchar  ese “es lamentable” mientras intentamos atender a las explicaciones de algún profesor/a. También se me hace raro no oír  preguntas del tipo:

-          “Moyi, ¿tienes folios?”
-          “Moyi ¿tienes un boli de sobra?”
-          “Moyi, ¿tienes pistolines?

Incluso, echo de menos que me digan Moyi. En fin, son Les choses de la vie. Yo he vuelto a mi pequeño piso de estudiante aquí con La Vero, donde llevo una doble vida: Por la mañana soy una maruja con mi tarjeta del Carrefour colgada en el llavero, y a partir de la tarde me convierto en una estudiante superaplicada que a veces, se queda dormida en clase.






martes, 24 de julio de 2012

El verano y sus cosas


Ahora, a más de 40 grados de temperatura,  me viene la inspiración y me da por escribir, y es que el verano es lo que tiene, que da mucho juego, y no lo digo por las juergas que me pego, porque en un pueblo donde no hay ni sitios para salir de marcha ni siquiera un puñetero cine donde acomodarse y disfrutar de una película, pocas fiestas se pega una.

A mí, lo que me hace escribir en esta época del año es la publicidad. Y es que sobre todo en esta preciosa estación del año en la que todos los cuerpos salen a relucir, la publicidad en algunos momentos  se pasa de absurda y de ¿rara?

Empecemos por un producto que desde hace ya un tiempo me escama un poco. El Gel de higiene íntima Chilly, pronunciado “chili”. Este producto se supone que es para la higiene y los picores íntimos. Ahora bien, cuando yo escucho la palabra CHILI, lo primero que se me viene a la cabeza es todo lo contrario, es más sólo de escucharla ya me pica la garganta, escupo fuego, así que no quiero ni saber lo que puede hacer ahí abajo.

Otra cosa rara es que al jamón York le han quitado las estrías tal y como anuncia Jorge Fernández en el anuncio de ElPozo. ¿Cómo lo harán? La verdad, a mi eso me lo tienen que decir, y creo que cuando digo esto hablo en nombre de todas las mujeres que luchan todos los días a base de cremas “milagrosas” y que curiosamente no hacen mucho por resolver nuestro pequeño problemilla.

También me hace gracia un anuncio que hasta hace poco andaba por ahí sobre un determinado desodorante. En él, tumbados en la playa, una pareja pelando la pava se haya (encima me sale la vena poeta). La chica, le pregunta que qué parte de ella le gusta más. A esto, el tío va y señala la axila. Con este anuncio yo me parto. Vamos a ver, se supone que tienes una novia 90-60-90, con unas tetas que llegan de una punta a otra del país y me dices que lo que más te gusta de ella es el sobaco… Ja, ja y já, eso no se lo cree ni el que tuvo la idea de hacer el anuncio.

Otra publicidad también graciosa es la de la silk-épil. Es curioso que siempre sale una chica muy mona y súper relajada depilándose con ella pero que curiosamente no tiene pelos. Si quieren que me crea su efectividad, que me pongan a una tía con unos buenos peláncanos y con cara de dolor, que es como todas estamos en nuestra casa cuando decimos “pelos fuera”. Lo más curioso es que ahora puedes depilarte con la silk-épil debajo del agua. No sé, ya me cuesta trabajo quitarme los pelos sin H2o de por medio, creo que es algo de lo que puedo pasar sin problemas, no gracias. 

Por último están los catálogos de bañadores, en los que salen esas chicas tan naturales pintadas como una puerta y peinadas de peluquería, con un mar de fondo, unos trajes de baños espectaculares y enjoyadas como si se hubieran tirado de cabeza al joyero de su tía en vez de a la piscina. Vamos, esos que tú los ves y dices “igualita igualita que yo cuando voy a la piscina”, sólo que con unas pequeñas diferencias de nada:

-          vas a la playa o a la piscina sin maquillar y prácticamente sin peinar y te recoges el pelo con un moño estilo “nido de gaviota” y con una o dos pulseras que le compraste a un hippie.

-          llevas el bolso petado de cosas entre las que se encuentra un cepillo, el protector solar, una toalla (si es vieja mejor), el móvil, las llaves, las gafas de sol que compraste en un mercadillo de la calle y una pinza de depilar para quitar esos pelillos que la silk-épil (“ella que todos los arranca”) no ha conseguido quitar y que solo se ven cuando sales a la luz del sol más resplandeciente.

-          Ella, esa mujer tan natural y divina, seguramente que cuando le entre el hambre comerá en uno de esos restaurantes tan de moda (de los de mucho dinero y poca chica). Tú cuando te entra el hambre acudes al bocadillo de chacina perfectamente liado en papel de aluminio que guardas en el bolso junto con las demás cosas. Si no, en una neverita junto con latas de refresco y los taperwares que tu madre te ha hecho con mucho cariño y de contenidos variados, aunque los más populares en la geografía española son: tortilla de papas, filetes empanaos arrugaos o croquetas frías. 
En Fin, viva el verano, los cuerpos imperfectos y las comidas de las madres, que para ver a un montón de gente de mentira y con más plástico que otra cosa cojo las barbies de mi hermana y me pongo a jugar.









sábado, 18 de febrero de 2012

Esa Europa cómo mola, se merece una ola

Vuelvo a escribir después de un año sin hacerlo, debido a un problema de mi ordenador con las tildes y sobre todo, a mi verdadera falta de imaginación, porque lo que son temas de conversación no han faltado, como es el caso de la increíble boda de la señora Duquesa de Alba, boda a la que tuve el honor de asistir, bueno, no de invitada, sino allí plantada en la puerta para ver lo que se cocía, aunque ver, lo que se dice ver, no vi ná de ná con toda la gente que tuvo la misma increíble idea que yo y mis amigas. Así que, nos quedamos sin poder ver el maravilloso baile de Doña Cayetana cual faraona albina.  Todo muy bonito, si, pero yo a esa relación no le veo “mucho futuro”.

También está el caso Urdangarín, y es que la familia de Don Juan Carlos está haciendo más por la República que Carrillo y la Pasionaria. Pero a mí, lo que me impulsa a escribir hoy es la búsqueda de una respuesta a una pregunta muy simple ¿Cuándo co**nes se va a ir el puñetero frío? Soy consciente de que estamos en invierno y de que no vivo en Canarias pero es que últimamente estoy dentro de más olas que un surfero, sólo que estas que sufro yo son de frío.

Este frío mortífero está haciendo que  me salgan unos sabañones que están deformando mis preciosos dedos (aunque he de reconocer que yo siempre he tenido los dedos morcillones) y que se me queden los mocos como Calipos de lima.  Después sales a la calle y se termina de cortar el cuerpo, pero siempre está el típico gracioso que te suelta: “ ! pero si el frío es tó psicológico!”. Claro, que es psicológico, por eso se murieron los del Titanic ¿verdad?

Todo esto tendría algo de gracia si se pusiera a llover y el frío hiciera que el agua se convirtiera en  nieve que cubriera todo el pueblo con un manto blanco en el que pudiéramos distraernos y hacernos fotos, ya que no es normal que nieve aquí, sin embargo, yo pienso que pasar tanto frío pá ná es tontería.

Así que, aunque mis amigos me insistan para salir, hasta que las inclemencias del tiempo no me lo permitan, yo me quedo en mi estufita de mi alma sin salir de casa cual Rapunzel en la torre, aunque me falta la larga melena porque este año también he descubierto que el corte de pelo “por los hombros”  por lo visto, es muy subjetivo.


viernes, 11 de febrero de 2011

Recuerdos de una excursionista


El otro día, no sé por qué, me dio por recordar mis excursiones al campo con el colegio y entonces me vino a la cabeza una pregunta como tantas otras que me vienen a lo largo del día: ¿Qué ha sido de las cantimploras?

Los niños de ahora no saben lo que son unas verdaderas excursiones al campo. Mientras que los niños de ahora presumen de móvil y de MP4, nosotros en los 90 presumíamos de cantimplora. Y es que las había de todos los colores y tamaños. Yo, sin ir más lejos, tenía una cantimplora de plástico de color verde con un tapón blanco, pero ahora, la cantimplora de mi primo Pablo (porque yo tengo muchos primos y cada uno tiene una historia) era la más molona. Tenía dos compartimentos y en uno echaba zumo y en el otro el agua, como todo el mundo. Con esa supercantimplora mi primo si podía chulear, bueno, podía chulear hasta que se bebiera todo y la cantimplora se quedara vacía como la de todos los demás.

Es entonces cuando cual excursionista en el desierto ardiente buscábamos una gota más de agua a pesar de saber que ya nos la habíamos bebido toda. Pero aún así nosotros no cesábamos en nuestra búsqueda y mirábamos pegando un ojo a la boquilla  de la cantimplora, la poníamos boca abajo y la zamarreábamos, pero nada. Y es que otra cosa curiosa de las excursiones al campo es que te entraba hambre antes de la cuenta, será que el aire libre abre el estomago.

Los niños de hoy día no saben jugar en el campo, no se manchan. Nosotros en cambio volvíamos llenos de manchas y churretes, con las rodillas llenas de heridas y los pelos revueltos y alborotados, algo muy común en mí pero no tanto el resto de los niños. Recordando esto me viene otra pregunta, ¿Dónde han ido a parar las postillas que tan bien quedaban en las rodillas y en los codos de los niños de los 90? Esas de las que cuando se secaban te gustaba quitártelas de poquito a poquito a pesar de que tu madre te decía que no te las tocaras que se te podía infectar.

Lo mejor era cuando a la vuelta, me bajaba del autobús con mi gorra del Curro de la Expo a pesar de que ya habían pasado las horas de solanera, con más churretes que la bombilla de una cuadra. Es entonces cuando mi señora madre me miraba y me daba un beso porque es mi madre, no porque le apeteciera, y es que la verdad, cuando volvía de una excursión campestre, daba grimita verme. Después del beso, mi madre me miraba bien, me cogía del brazo con una mueca de asco reflejada en ese semblante de madre disgustá y me decía: “Anda tira, tira, que vas a ir a la bañera de cabeza”.

Los niños de ahora no tienen infancia. No salen a la calle y sólo juegan a la wii. No saben lo que es una postilla ni un cardenal, ni saben lo que es viajar en un coche que no tenga cinturones de seguridad, y es que nosotros, somos unos auténticos supervivientes. 











sábado, 5 de febrero de 2011

Mi pequeño del alma


No es difícil ver por la facultad carteles sobre la donación de óvulos, en los que te invitan a ser donante y te informan sobre una sustanciosa remuneración por el esfuerzo que en estos tiempos de crisis no viene nada mal. Es entonces cuando me pregunto si las donantes lo hacen porque quieren ayudar a esas mujeres que quieren y no pueden ser madres o lo hacen por el dinero.

La respuesta a eso no la tengo, pero de lo que me he dado cuenta pensando sobre el tema es que a las mujeres nos hicieron para que todo nos costara el doble que a los hombres teniendo el doble de inteligencia, y es que hasta en los casos en los que pretendemos ayudar a que el parto lo tenga otra, nos cuesta lo nuestro. Desde el momento en el que una mujer decide colaborar y ser donante de sus preciados óvulos, tiene que someterse entre otras cosas a un examen ginecológico e incluso debe tener un asesoramiento psicológico.  

Y mientras que las mujeres se tienen que someter a todo tipo de pruebas, los hombres llegan y pum, ya lo tienen todo hecho. Hay mujeres que donan sus óvulos por solidaridad con aquellas que quieren tener hijos, pero lo de los hombres, eso si que no me creo que sea por simple altruismo. Yo creo que ellos piensan ¿Por qué no hacer lo que hago a menudo en mi baño en un sitio dónde además me pagan por ello? Así de injusta es la vida.

Algunos se dedican a donar esperma como el que dona sangre y sin darse cuenta tienen hijos desperdigaos por el país, porque digan lo que digan, esos niños que salen de ese esperma son sus hijos aunque no los vayan a conocer en su puñetera vida. Esos niños pueden salir con sus gestos, sus manías, su rasgos…vamos, que cualquier día se pueden encontrar por la calle con un miniyo. A mí sinceramente, me daría un no se qué encontrarme por la calle una niña con la misma cara que yo cuando chica, con el mismo moño a modo de palmera con el que me peinaba mi madre antaño y diciendo las mismas pachochás que yo a esa edad.

Lo cierto es que  con los adelantos que hay ahora se puede hasta tener niños a la carta. Según mi compi La Vero, a ella le gustaría ir a un banco de esperma para que le inseminaran con la semilla no de un geranio, sino la de un negro con los ojos azules, y así tendría más posibilidades de que el niño saliera mulato, que es un color muy sufrío, y con unos ojazos del color del cielo. Yo le he dicho que eso no es como la carnicería, además eso es suerte, porque los padres pueden ser muy guapos pero por una gracia del destino, el niño puede salir más feo que el escaparate de una ortopedia, y si no que se lo digan a La Pantoja y a Paquirrín, que con ese padre y esos hermanos tan guapos cuando se mira al espejo el pobre se tiene que cagar en las leyes de la genética y en la madre que parió a Panete.  


viernes, 28 de enero de 2011

La Bella y el Guapo 2

Pues si, vuelvo a hablar de la misma película, y es que yo soy así, que lo exprimo todo, y es que todavía tengo dudas que resolver y que se han quedado en mi cabeza rondando de un lado para otro.

Una de esas incógnitas que para mí quedan sin resolver son las que están relacionadas con los sirvientes del castillo, que se convirtieron los pobres en objetos parlantes sin tener ellos culpa de nada. Uno de esas preguntas sin resolver es ¿Por qué si la señora Potts y su hijo Chip son piezas de una vajilla no se rompen cuando saltan de la alacena? Es cierto que en ese castillo todo está encantado, pero si eres parte de una vajilla lo eres con todas sus consecuencias. Los ves toda la película dando botes de una lado para otro cantando ¡Qué festín! ¡Qué festín! y no están ni un poco cascarillaos aunque a simple vista esa vajilla tenga pinta de ir en las mudanzas en cajas de las que ponen muy frágil.

Otra pregunta es ¿Cuántos sirvientes tenía el castillo? Y es que allí se movía todo, hasta los tenedores y las cucharillas, que digo yo que a qué se tenían que dedicar antes del conjuro para haberse convertido en un tenedor. Otra cosa rara de co**nes  es que el perchero que arregló y adecentó a la Bestia antes del gran baile no tenía ni ojos ni boca ni ná de ná. ¿Cómo va a saber si le ha hecho un buen corte de pelo si no tiene ojos para verlo? Será que yo no entiendo estas cosas de conjuros y que le quito to la gracia a las películas con mis preguntas existenciales, pero qué le voy a hacer, como decía Alaska en su famosa canción,  yo soy así y así seguiré, nunca cambiaré.

Y por último, una cosa que si que es rara de verdad, es que después de ver tantas veces la película  me he dado cuenta de otra cosa, ¿cómo se llama la Bestia? Todo el mundo le dice El amo, La Bestia, pero ese hombre tendría un nombre de pila ¿no? No sé, Alfredo, Rodolfo, José Luis… ni la Bella, que “tanto lo quería” le decía por su nombre, ¿qué clase de amiga es esa? Todo el mundo conoce a uno que le dicen El Chino, El cabeza, El Pollo…, y aparte, está el caso de esta muchacha que vive en un castillo con uno al que no se ha molestado ni preguntarle el nombre.

La cosa está en que esta película tiene más misterio que la casa de las caras de Bélmez.  Demasiadas incógnitas que ni el propio Iker Jiménez puede resolver. 












domingo, 23 de enero de 2011

¿Cómo seré ...?


El otro día, y fíjate si me impactó que todavía me acuerdo, vi por la calle a una mujer de unos cuarenta y tantos o cincuenta y pico con unas pintas que… La mujer llevaba una camiseta de estas que se te pegan al cuerpo y que marcan un escote que dejan ver no el canalillo, sino el canal de Panamá. De cintura para abajo, dicha señora llevaba unos leggins de cuero negro con los que se le marcaba el …, vamos que era sordomuda, que se le podían leer los labios. A juego con el atuendo, esta señora llevaba un tinte color pollo frito y un maquillaje que era de todo menos natural, de esos con los que dices ¿La habrán maquillado a pistola?

Personalmente, creo que al llegar a una edad una debe pensar y recapacitar sobre ello y vestirse de acuerdo a los años que una tenga. No quiero decir, ni mucho menos, que se tengan que poner un hábito de monja aquellas mujeres que superan la cuarentena, sino que se puede ser moderna pero vistiendo una ropa acorde y no poniéndose la ropa de su  hija de 15 años.

Algunas mujeres se pelean con las vecinas, otras con la familia, los compañeros de trabajo…, pero hay otras que con quien peor se llevan es con el paso del tiempo. Se niegan a envejecer, y en lugar de hacerlo con dignidad, prefieren ser víctimas de la licra y salir a la calle pintadas como una puerta. Ellas verán.

Me entra curiosidad por saber cómo seré yo a esa edad, si también estaré obsesionada con la búsqueda de la juventud eterna. La verdad, me resultaría gracioso que fuera una de éstas, porque ahora mismo, lo que se dice ahora, no es que esté yo muy obsesionada con esto de la imagen, más bien soy lo que se dice una dejá. Espero llevar el paso del tiempo lo mejor posible, sin preocuparme mucho por si me sale barriga o pequeñas arrugillas alrededor de los ojos, pero sinceramente, si a los setenta años puedo estar como Sofía Loren, y rodeada de los míos, mejor que mejor.



miércoles, 19 de enero de 2011

¡Cómo cansa el estudio!

Estudiar cansa, lo miremos por donde lo miremos. Lo más curioso es que yo este año no puedo quejarme mucho porque sólo tengo un examen, pero me ha pillado un poco desganá. Y es que la verdad sea dicha, yo a veces (la mayoría) me lo tomo todo muy en serio y me tiro todo el santo día sentada en la biblioteca delante de los apuntes, porque si me quedara en mi casa estaría toda la tarde yendo al frigorífico para ver qué hay de picar, aunque sepa que va a haber lo mismo que cinco minutos antes. 

A lo primero, una coge los apuntes con ganas y creyéndote que vas a tener una superconcentración todo el día… pero ni de coña. Cuando llevas un buen rato, tu mente está en todos lados menos en lo que hay que estudiar. La mente humana es así, qué se la va a hacer.

Yo personalmente, al rato comienzo a pensar en mis pachochás: que si mira que pañuelo tan bonito lleva esa (porque ya se sabe que quiero ir de rebajas), que si qué me voy a hacer de cenar, qué echarán hoy en la tele, qué me pondré en el bautizo del niño de mi prima (aunque sea en abril, da igual, yo ya estoy preocupá)…en fin esas cosas que al pensar en ellas no me van ayudar a pasar el examen.

Por otro lado, además de pensar esas tonterías que no me llevan a ningún sitio, empiezo a mirar el reloj cada dos por tres, y es que esa es otra de mis manías, el tiempo. El día que no llevo reloj me pongo de un pesao que hasta yo misma lo reconozco. Y es que ahora hablando del tema me viene otra pregunta a la cabeza: ¿Por qué cuando preguntamos la hora nos llevamos la mano a la muñeca?, ¿acaso cuando preguntamos por el baño nos echamos las manos a los huevos?

Al final del día acabo agotá, con dolor de cabeza (porque a pesar de lo que aquí pongo, encuentro mis momentos de concentración y estudio), y con las gafas no se sabe donde, porque entre que me las quito para limpiarlas o para descansar la vista un poco, acabo con las gafas en la mano. Con tanto trajín de gafas parezco Mª Teresa Campos. En fin, espero que los días de estudio que quedan me cunda la cosa y el examen salga bien.



martes, 18 de enero de 2011

¡Quiero ir de rebajas!

Quiero comprar en las rebajas, y es que… ¡qué le voy a hacer si he nacido en este puñetero sistema capitalista! La verdad que no me compro ropa desde hace mucho tiempo, concretamente casi un año y lo peor es que estoy estudiando en la biblioteca y cada vez que pasa una chica me digo a mi misma: uy mira que conjunto tan mono, mira qué camisa, uy esa sudadera… y seguidamente me vuelvo a decir: querida Moyi, estudia hija que la ropa de Amancio Ortega no va a hacer que apruebes el examen.

Lo más curioso de todo esto es que a mí, lo de ir de compras me gusta lo justito, y suelo aburrirme pronto en una tienda. Además, lo que más coraje me puede dar es eso de tener que probarme ropa en el probador, porque para mí, un probador puede ser el peor sitio del mundo, sobre todo si en lugar de puertas son de cortina, una cortina que no se suele cerrar bien y que deja ver el interior del probador (conmigo dentro) por los lados.

Otra cosa que no entiendo de los probadores es ¿por qué no llegan hasta el suelo y tengo que ver las piernas de los de al lado?, ¿por qué ellos me las tienen que ver a mí? Sobre todo, me pregunto esto cuando no estoy depilada, que el día que le den a mis vecinos por mirar abajo y me vean a mí con esos peláncanos, lo mismo llaman a seguridad porque se creen que se ha metido a probarse ropa el Yeti o el Primo Eso de la Familia Adams.

Una vez dentro del probador, hay que quitarse la ropa, organizar la ropa que te vas a probar, la que llevas puesta…, un caos. Una vez organizado todo, a colocarse la ropa que te puedes llevar si todo sale bien, porque cuando has conseguido ponértela, ves que te queda grande, o pequeña, aunque a mi el problema es que me suele quedar grande. Ahora, hay que decirle a una amiga o a tu madre que te traiga otra talla más pequeña, y hay que esperar a que la consiga, por que con la suerte que yo suelo tener, casi nunca la hay.

Y cuando estás probándote lo que ya se supone que te queda bien, va tu madre y te abre la cortina a la misma vez que pregunta ¿cómo te está, niña? Entonces es cuando mi nivel de estrés sube, y como me estreso, pues compro lo justito.

Sin embargo este año tengo ganas de ir a las rebajas y renovar un poco el vestuario. Las rebajas están ahí y tratan de recordármelo los carteles de descuento en los escaparates que me dicen que si una falda está al 50%, que si una chaqueta está al 30%..., y también me lo recuerdan Natalia Verbeke y María Estévez en el anuncio de El Corte Inglés, aunque sinceramente, y no es por desmerecer a las muchachas, pero me gustaba más cuando las anunciaba Carlos Baute, no sé, pero me incitaba más a la compra.  





lunes, 17 de enero de 2011

¿Qué es el arte?


Esta es una pegunta que se ha planteado hoy algún grupo de mi facultad y al verla pues claro, lo normal en mí, que me da por pensar en una posible respuesta. Para mí, que soy una persona de lo más normalita, el arte es lo que yo he estudiado en 2º de bachillerato. Los edificios, la pintura y la escultura. La Giralda, la Alhambra, el  Guggenheim de Bilbao, un Velázquez… eso es arte.

Quiero dejar claro que yo no soy experta en esta materia, pero si es verdad, que hay ciertas cosas que por mucho que a mi me digan que es arte, yo sinceramente, no puedo evitar verlas como una auténtica mierda. Porque, la verdad sea dicha, no me entra en la cabeza que, por ejemplo, un cuadro que lo que tiene son cuatro rayujones valga millones porque lo haya pintado un pintor de prestigio cuando yo en mis apuntes en sucio tengo garabatos mejor hechos que eso (y que seguramente me han costado más trabajo).

Tampoco me pueden decir que un puñado de alambres es una estatua, porque si es así, el desguace de mi pueblo tiene que ser un museo de la leche. Y es que a mí, pagar cantidades tan grandes de dinero por algo que se parece al babero que me ponía de chica después de comer ( lleno de manchas), pues me parece una locura.

¿Qué pensará Van Gogh si ve que esos cuadros que no conseguía vender en vida se venden ahora por tantísimo dinero? Yo, la verdad, creo que el pobre se cortaría la otra oreja. 

Aunque, no es por tontear, ni chulear, ni nada de eso, pero arte es lo que tenemos en mi piso, porque aquí mi compi La Vero y yo, lo mismo estamos todo el santo día cantando, que bailando, lo mismo desatascamos las tuberías que acabamos con una plaga de hormigas, que limpiamos la cocina después de que el frigorífico se haya descongelado y la comida se haya echao a perder, y todo eso con una sonrisa de oreja a oreja y pa eso, en estos tiempos que corren, si hay que tener arte.

sábado, 15 de enero de 2011

La Bella y ...el guapo

El domingo antes de volver a la rutina después de las navidades, echaban en la tele la película de la Bella y la Bestia a las cuatro de la tarde. A mi no es que me entusiasme mucho la verdad, pero como mi compañera de piso quería verla, salimos del pueblo a las tres para poder llegar a nuestro pequeño y acogedor pisito de estudiantes en  Sevilla. Nuestra sorpresa fue cuando al entrar por la puerta nos dimos cuenta de que los plomillos habían saltado desde no sabemos qué día. Al darme cuenta dije “uy no hay luz” sin saber que eso traía otras consecuencias.

Justo después me vino un fuerte olor, y no era que mi compañera de piso se hubiera pasado con el Chanel  nº 5 que le habían regalado por reyes, sino que olía a comida revenía. Entonces caí en la cuenta: mis taperwares con la comida de mi madre se habían descongelado y se habían puesto malos, de la misma forma que se habían echado a perder la poca comida que dejamos en el frigorífico.

Así que la Bella y la Bestia sonaba de fondo mientras nosotras limpiábamos el frigorífico y el tanque de congelado. La bolsa de basura nueva se llenó pronto con toda la comida que tuvimos que tirar y sacamos la basura más pronto que ningún día porque no se aguantaba el pestazo.

Sin embargo, terminamos de limpiar todo justo para ver la parte más emocionante de la película, el final. Las dos nos sentamos para ver cómo la Bella le confiesa su amor a la Bestia cuando éste se está muriendo. Entonces fue cuando me llamó la atención algo que antes no lo había hecho, y eso que he visto la peli muchas veces, y es que, a pesar de que Bella le dice que lo quiere, la tía no le besa hasta que la Bestia se convierte en un apuesto mozalbete que más que un príncipe (porque que yo sepa, por lo menos aquí en Europa no he visto yo ningún príncipe guapo) parece un modelo de estos que parecen en las marquesinas de las paradas del autobús.

Yo, como con todo, tengo mi teoría, la Bella no lo quería, le había cogido cariño como cuando alguien le coge cariño a un perro, pero nada más. Ella lloraba porque se le había muerto el perro al que le había cogido cariño. Lo que pasa que este perro traía sorpresa, se convierte en un buenorro y claro, la tía se pone tontaca.  Lo que más me choca es que encima la muy gorriona te quiere hacer ver que la belleza está en el interior. ¡Qué falsa! Si de verdad pensaba eso ¿por qué no le besó antes? ¿Quizás tenía miedo de besarle y expulsar después una bola de pelo como el gato de Shrek?

Lo que le pasaba a la Bella es que era una trepa. Se encontró con un príncipe guapo, bien posisionao, y la carne que es débil… hizo el resto. Así que desde ese día, cada vez que vea una película de Disney, ya no será lo mismo. 


sábado, 8 de enero de 2011

¡Qué vida ésta!

La mayoría de las veces vivimos la vida pasando de los demás, importándonos un comino lo que piensen o digan nuestros más allegados, y cuando se mueren, queremos entablar conversación. A esta conclusión he conseguido llegar yo solita después de ver el programa que emite esporádicamente Telecinco Más allá de la vida. Y es que ese programa me genera varias preguntas existenciales.

La primera pregunta es que con la cantidad de muertos que hay, que fíjate si tiene que haber, pues desde que se creo la vida en este mundo la gente cogió por costumbre el morirse, cómo que no es un programa semanal. En mi opinión, la conferencia con el más allá no debe ser barata y tampoco atiende a ofertas del tipo “sólo por este mes hable con sus muertos por sólo un céntimo el minuto”. 

La segunda pregunta es si a los invitados no les da miedo estar rodeado por los fantasmas de su pasado. Ellos se dedican a mirar y sonreír a la medium cuando ésta le está diciendo que tiene al lado a su padre o a su hermana, fallecidos en tiempos de la tercera dinastía egipcia. A mí personalmente (aunque yo me asusto con , que todo hay que decirlo) me cagaría muy mucho, incluso más que si me ponen al lado una muñeca de porcelana,  que esas si que me dan miedo.

Y la tercera, y para mí la más importante de las preguntas es: Si la medium es inglesa y está contactando con un muerto español, que murió hablando sólo el castellano y mal hablado, ¿cómo se entienden? Yo para auto contestarme esa pregunta tengo varias teorías. Una de ellas es que los muertos hablan un idioma universal y que la medium entiende. Otra puede ser que al entrar en el cielo haya cursos de inglés gratis.  

A pesar de que yo esté escribiendo aquí mis pachochás sobre el mundo de los espiritus, creo que la medium los ve de verdad. Yo me lo creo, aunque hay gente que no. Pienso que eso de ver a los muertos no tiene que ser muy agradable. Estas personas que tienen la habilidad de hablar con los que ya no están entre nosotros tienen que tener un dolor de cabeza…, que si tienen que escuchar a la pareja, al jefe, compañeros de trabajo, a los hijos... y también a los muertos.

Los que ven a los muertos por ejemplo, cuando están esperando el autobús, aunque venga medio vacío, ellos lo ven medio lleno porque hay que añadirle aquellos que nosotros no vemos. Y otra pregunta que me viene a la cabeza es que si ven a un muerto en el sitio libre del autobús, ¿se sentarán encima? Por otro lado, tienen la ventaja de que nunca se sentirán solos, siempre están acompañados.

No sé lo que hay más allá de la vida, ni siquiera sé lo que la vida me depara. Lo único que sé es que a pesar de los malos momentos que se puedan vivir, hay que ser fuerte e intentar pasárselo lo mejor posible, porque sólo tenemos una. Y es que sinceramente, a mi el tema de la muerte me da miedo, pero creo que más miedo me da aún una vida mal aprovechada.